5/1/11

Danzando entre espinos

Se destapó la luna esa noche y todo resplandecía bajo la luz tenue y blanca, hasta los sentimientos. A traición, una vez más, afloraban por las brechas de la piel. Éstas estaban tan desgastadas que ni siquiera podían entender por qué dejaban escapar otra vez esa calidez irreal. Me encogí entre sus brazos y dejé que absolutamente todas las cosas perdieran el sentido, hasta el tiempo. Las heridas en el pecho aún dolían, igual que cada una de las aperturas de mi piel. Cerré los ojos para no ver los rasguños que disponía a hacerme otra vez, inconsciente. Sigo preguntándome por qué. Ni las más agónicas lágrimas pueden servir de bálsamo, eso ya lo había aprendido. El único alivio reside en la misma herida, el olor a sangre caliente te hipnotiza y te aturde, te hace olvidar. Pero sólo basta abrir los ojos para ver que seguimos danzando entre espinos y ni siquiera el más fuerte puede salvarse.


Me colé entre sus secretos esa noche, o al menos eso me hizo creer. Sentí que navegaba en calma, y todo pareció alinearse otra vez. La linea engañosa del horizonte incierto. Pero su sonrisa me ayudaba a timonear ese barco. Y escondí también mis secretos allí dentro, el placer efímero de compartir. El dulce suspiro de la exclusividad. Pero entre los puertos de destino la deriva siempre espera impetuosa y casi inevitable. Rompí mi ropaje para proteger las velas, pero me di cuenta demasiado tarde. El propio viaje las había rajado, igual que mi pecho, y mis manos se habían soltado del timón. No quería tocar suelo otra vez, no ahora.


Me escondí detrás de las ilusiones, quizá porque quise guardarlas, quizá porque quise cargarlas. Le di un empujón a su vida y caí de rodillas en el fango. Cuando el lodo empezó a cubrir todos los poros de mi piel quise abrir los ojos, pero no pude. El incesable manantial mezclado con la mugre es capaz de cubrir hasta el más ardiente de los sueños. Y me dejé arropar otra vez por la frágil gelidez de los brazos vacíos. Otra vez olvidé decepcionarme antes de empezar a correr. Cuando llegué a la orilla hasta me pareció cómico ver el otro barco alejarse. Vi parches en las velas color despedida. Y más tarde un rastro en el mar en forma de olvido.

2 comentaris:

  1. M'encanta l'escrit. Les metàfores molt bones, tot i que m'agradaria parlar amb tu per a veure si les entenc bé...

    Pel que fa al castellà, no havia llegit cap escrit teu en castellà i tot i així t'hi defenses prou bé.

    Només dir-te que en el moll contínuament passen vaixells, només cal que t'enrolis en el que més t'agradi i que alhora puguis aconseguir passatge per pujar.

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