Apenas diez tardes, cinco noches y un amanecer. No fue necesario más para que su imagen le quedara grabada en la memoria. Tan solo una sonrisa, algunas caricias y algunos besos fueron suficientes para que se le quedara su olor impregnado en la piel.
La habitación 807 seguía escondiendo todos sus recuerdos. Cuando abrió la puerta se dio cuenta de que aún estaban allí, vivos como el primer día. Podía distinguir aún las sombras de sus cuerpos dibujados en las sábanas y un tenue color pasión en las paredes. Cerró la puerta tras de si y se sumergió en el silencio de la estancia. Un silencio que le envolvió y que le volvió a recordar aquello que tanto detestaba: que allí ya sólo quedaban ella y aquellas caras sin rostro, y la oscura luz de la intimidad perdida. Anduvo por la sala absorta durante minutos, quizás horas, dejándose arrastrar por cada uno de los rincones de su memoria.
Y entonces se detuvo. Juntó sus dos manos con los dedos índice y pulgar dibujando un rectángulo. Lo situó delante de sus ojos y contempló la solitaria escena a través de él. Como una fotografía, guardó esa imagen en su mente y se prometió no borrarla nunca.
Se acercó a la ventana. Fijó su vista en el mundo que seguía su curso allá afuera, ajeno a su existencia. Y en ese momento se sintió más débil que nunca, más quieta que nada, más asustada que nadie. Menos capaz de salir corriendo de una vez por todas. No entendía por qué seguía ahí coleccionando recuerdos, tomando fotografías de las sombras de aquellos que ya no estaban. Contribuyendo a esa quietud que le ahogaba. Siempre les tenía reservado un sitio para descansar entre tanto movimiento, un sitio donde volver a existir entre tanta fugacidad.
Habitación 807. Y llegó el día. Entró y ya no había nadie. Sólo encontró las maletas llenas de recuerdos en la puerta y una nota encima de la mesa. “Ese era el trato”.
Y era cierto.
Y era cierto.
Y nadie más volvió, sólo las sombras, esos pedazos de pasado indestructibles, irrepetibles, alimentándose de la memoria de quiénes aún les necesitan. Nada más.
Força bo, comprenc la història i el que vols dir, i tot i ser un xic melancòlic s'ha de dir que està molt ben redactat i molt ben trobada la metàfora.
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